EN LA TORMENTA

Nadando en lo profundo de los mares, 

sin darme cuenta comencé a ahogarme.


Buscando la cima, buscando la luz, 

me deslumbraron los reflectores falsos de una especie de pescados que sólo habitan en lo más hondo. Unos reflectores construidos para destruir hasta al hombre más fuerte. 

Donde mis pulmones ya no pueden respirar. 


Estuve tan cerca de ahogarme. 

Mis pulmones no iban a aguantar más. 

Lo que más me duele es que no me di cuenta de los gritos que daban pidiéndome ayuda... y yo, por ver esa luz falsa casi caigo en la tentación de morir por una ilusión que luego resultó ser falsa. 


Esta historia pareciera triste, 

pareciera desesperante.

Pero no lo es. 


Sin querer queriendo, 

la vida conspiró a mi favor. 


Una paloma, la paloma más bella y brillante de todas, 

avisó que perdía rumbo dentro del océano. 

Dio esa alerta que era tan necesaria para salvarme. 


Así fue como logré ver que la luz a la que yo le apostaba tanto no era lo que parecía. 

Me di cuenta que estaba nadando hacia mi propia perdición. 

No iba a salir nada bueno de llegar hasta el fondo. 

Mis pulmones no iban a aguantar y mi cuerpo tampoco. 


Por un momento, cerré los ojos y miré hacia arriba.

Logré ver a lo lejos la luz del sol.

Esa imagen se transformó en esperanza sin saberlo. 

¿Será que mis pulmones, ya cansados, me permitan nadar hacia arriba y salvarme de esto?

Ya no tengo nada que perder, lo haré. 


Con un sentimiento de culpa, de decepción voy pataleando hacia arriba. 

No lo he perdido todo, pienso. 

Experimento ese momento utópico del que todo el mundo habla, ese momento en el que antes de morir repasas como video todos esos momentos felices y tristes que pasaste en este mundo. 

Creo que me voy a desvanecer. 


Siento que unos brazos me sujetan fuerte. 

No sé si son reales o si ya son un sueño. 

¿Será que perdí la vida y la muerte me abraza por un segundo?

No creo que la muerte abrace como mi familia... estos brazos se sienten conocidos.

Son tiernos como los de mi madre, son fuertes como los de mi padre, son firmes y alentadores como los de mis hermanos. 

Creo que estoy siendo salvado. 


No puedo volver a caer. 

No quiero volver a lo más profundo del océano. 

No voy a permitir deslumbrarme con luces que no me llevan a casa, con luces que son hechas para destruir. 

No seré duro conmigo mismo.


Voy a aprender, 

finalmente, voy a aprender a AMARME. 

Aprenderé a NO buscar afuera lo que YA LLEVO DENTRO. 

Soy inteligente, soy capaz, soy valioso. 

Voy a lograr todo aquello que me proponga, de poco a poco. 

Sin prisa pero sin pausa. 

No dejaré que la sociedad me enrede en esa trampa, en esa red gigante que ahoga, que destruye. 


Casi ahogarme me ha dado alas. 

Más bien, siempre las tuve pero nunca las vi. 

Aprenderé a volar a mi ritmo. 

Acompañado de quienes me aman. 

Aprenderé a amarme y a tomar decisiones que me hagan crecer como persona todos los días de mi vida. 

He sido muy afortunado. 


Una paloma dio un mensaje. 

Mi familia me encontró. 

Logré salir de las profundidades. 

No voy a desperdiciar esta oportunidad. 

Me abrazo, me limpio las lagrimas. 

Sé que voy a perdonarme. 

Y también, se que voy a trabajar por reconstruirme. 

Reconstruir mi persona, 

reconociendo que soy valioso 

y que hay gente que me ama.


Esta historia comienza aquí. 

Un nuevo capítulo. 

Una hoja en blanco que voy a empezar a escribir. 


Te quiero, 

con mi corazón en las manos, 

con mis mejores deseos te abrazo. 

No te dejaré caer, 

no mientras esté viva. 

Este es mi poema de amor para ti. 


-SCG

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