LA MONTAÑA

Subiendo y bajando la montaña.
El corazón se me acelera. 
El aire se me corta. 
Las piernas me piden a gritos que pare. 
Las manos me sangran, se encuentran resecas. 
El conocimiento se me va por momentos. 
El tiempo se me escurre entre el sudor que recorre mi cuerpo. 

¿Dónde estoy?
¿Por qué lo he hecho?

No lo sé. 

¿Lo sabré?

Ahora todo eso no importa, tengo que llegar a la cima. 
Sigo escalando. 
Todo para llegar a un lugar no conquistado, un lugar con la mejor vista que nunca nadie podrá tener. 

Llegar a la cima para luego tener que bajar. 
Corriendo el mismo peligro, si no es que más. 
Le pregunto a mis pulmones si van a aguantar lo que falta... no me responden. 

Ya no siento las manos ni los pies. 
Tengo congelada la nariz, está roja como un tomate.  

Cierro los ojos y me imagino frente a una chimenea bien caliente. 
No quiero abrirlos.

Me acuesto y siento como mi espalada se entumece. 
Los sonidos se vuelven distantes. 
Pierdo la conciencia. 


Quizá, ya nunca vuelva a abrirlos. 


- SCG

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