MAREA ROJA

Se escuchan las olas bailar a lo lejos, 

suben y bajan acariciando la arena,

las noto un poco raras. 


El olor de la brisa playera se trastorna de un momento a otro,

ya no hay un aroma a coco y a vainilla. 

Se siente pesado el aire, como si cargara tristeza. 

Como si cargara muerte. 


No tarda mucho en cambiar de color el mar.

Perdió ese verde esmeralda y un color chocolate se apoderó de las aguas. 

Ese olor a desesperación, asfixia y algas cada vez estaba más cerca. 


Las horas pasaron y la tragedia salió a flote. 

Marea Roja. 

Miles de peces cayeron rendidos ante un fenómeno natural 

que terminó por arrebatarles la vida.


Ya no nadan en las profundidades del océano,

sus ojos perdieron el brillo con el que alegraban a los corales. 

Sus cuerpos flotaban por los mares y los rayos de sol quemaban su esencia. 


Terminaron siendo arrastrados por la corriente del mar. 

En las orillas de la Costa Yucateca descansaron. 


Causaron compasión y tristeza.

También un poco de preocupación. 


Nos recordó el ciclo de la vida,

de las catástrofes naturales inevitables. 

Algo que al final, no nos sorprende tanto, 

ya que hemos vivido con el Covid-19 algo similar recientemente. 


-SCG

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