MI COCHE, EL CIELO Y YO


Aquella noche, yo iba manejando mi coche.

Estaba sola y tenía las ventanas hasta abajo.

Aceleré en la carretera, sólo para sentir cómo mi pelo volaba y cómo el aire fresco llenaba mis pulmones. 

La música estaba tan fuerte que el mismo coche vibraba al ritmo de las canciones

Fue ahí, cantando a todo volumen cuando mi corazón se tranquilizó. 

Desde el cristal podía ver miles de estrellas y por los retrovisores unas luces blancas con tonos amarillos que parecían cráteres. 

He de admitir que me olvidé del mundo por unos instantes

Mi coche, el cielo y yo éramos los únicos que existían en ese momento. 

Me sentí muy bien, una sensación de libertad inundó mi cuerpo. 

Como si no le debiera nada a nadie, era simplemente YO

No había un destino en específico mientras manejaba, pero sabía que después de ese momento, llegaría a casa.

¿Quién iba a decir que una escapada en un coche podría ser tan terapéutico? 

Desde ese día, las noches en mi coche se repetían de vez en cuando. 

Incluso llegué a invitar a algún acompañante, la única regla era no hablar mucho, cantar a todo pulmón y disfrutar de la noche.

Era fácil y reconfortante. 

Muchas historias de mi diario, nacieron de aquellos pensamientos que surgían durante mis viajes a ningún sitio y acompañada de música. 

Existen un sinfín de historias que ocurren en un coche

Éstos son un medio de transporte que nos llevan a todos lados... nos han acompañado a un viaje con familia y amigos, nos han llevado a una primera cita y también a un adiós inesperado. 


Termina la página 17/30.

Este ejercicio se ha convertido en mi lugar seguro, es mi pequeño escape de lo atareada que llega a ser la vida, es tiempo de dedicarme a mí y a algo que me gusta. 

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