FRENTE A LAS OLAS DEL MAR

Me senté justo frente a la orilla del mar para contemplar el infinito horizonte azulado. 

Las olas bailaban a un ritmo pacífico que después de un rato llegaban a acurrucar, transmitían paz y tranquilidad... cosa que en la ciudad era difícil de encontrar. 

Estando ahí, sin distracciones decidí sacar mi libreta para escribir eso que estaba sintiendo frente a tal maravilla: 

Me da miedo navegar pero estaría dispuesta a hacerlo si tú me acompañas como capitán del barco. 

Respeto las aguas azules del océano pero me bañaría en ellas si sujetas mi mano mientras nos vamos sumergiendo en su inmensidad. 

Y si se mojan estos versos no tendría problema con que se pierdan en la profundidad del mar porque ahora ahí quedaría un pedacito de mí también. 

Le contaría a las olas nuestra historia... empezando por la mía, todo lo que había recorrido para poder estar ahí contemplando el paisaje. 

Dejaría incluso que se me moje todo el cuerpo y que la arena invada cada rincón de mi piel color canela porque ningún artista sería capaz de pintar tan hermosa obra de arte. 

El viento comenzó a acariciar mi pelo, el sol empezó a bajar poco a poco por el cielo pintándolo de unos colores rojizos preciosos... su reflejo en aquel inmenso mar también se hizo visible y coloreó esas olas que habían inspirado momentos antes a crear unos versos únicos y puros que se quedaron grabados en aquel cuaderno. 

La noche cayó y fue entonces cuando la luna apareció rodeada de estrellas en forma de constelaciones que iluminaban mis ojos y el mar infinito reflejaba aquella pureza que solamente la naturaleza sabe regalarnos.  

Arranqué aquellas páginas grabadas con el título 25/30 y dejé que las olas acariciaran aquellas palabras ahí plasmadas. 

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