EL ADIÓS EN UN PARQUE
Me pediste que nos viéramos en un parque y aún no sabía que ahí comenzaría la tragedia.
En mi mente pasaban imágenes hermosas de lo que podía ser aquel encuentro, pues los parques son lugares donde los niños juegan, donde los enamorados se declaran amor, donde algunos hacen ejercicio y otros, pasean a sus mascotas.Yo tenía la esperanza de que aquella tarde al caer el sol, me dijeras las palabras más bonitas que nunca nadie me había dicho... pero todo quedaría en un anhelo, porque efectivamente cayó el sol pero sólo me dijiste que aún no estabas listo para tomarme de la mano, que querías seguir descubriendo el mundo antes de sentar cabeza... y en ese momento me pareció que en el escenario yo ya no pintaba a tu lado.
Dijiste que ibas con prisa, así que te despediste y te fuiste... al irte caminando no volteaste ni siquiera a verme por última vez... eso fue lo que detonó la primera lágrima.
El pensar que conoces y quieres a alguien, para después descubrir que pueden marcharse tan fácilmente sin sentir remordimiento alguno.
Esa noche me partí en mil pedazos para cuestionarme sobre mil y un motivos por los cuales terminaba ese capítulo de mi historia, lo peor fue que en algún momento hasta pensé que pudo haber sido mi culpa... me descubrí justificando sus acciones irresponsables y hasta estando rota, protegiéndolo.
Mirar el cielo y ver una estrella fugaz fue suficiente para armarme de valor y recoger todos los pedazos de mi corazón roto, guardarlos en mi bolsa y llevármelos a casa para ir pegando las piezas poquito a poquito.
Aquel día en el parque quizá viví una de las lecciones más fuertes de la vida... y es por eso que hoy me encuentro aquí parada, completa, ya con el valor suficiente para no permitir que cualquiera quiera volver a romper lo que yo con mucho amor reconstruí.
10/30.
Una reflexión de aprendizaje.

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