CALLEJÓN DE ADOQUINES
Seguramente muchas personas han caminado por estas calles dejando un pedacito de su ser en ellas.
Era una fría mañana de un 14 de febrero, un café caliente me acompañaba mientras contemplaba el horizonte, todo pintaba a ser un día de presenciar muchas muestras de amor, el romanticismo se sentía en el aire y justamente cuando bajé la mirada... pude observar un camino de pétalos de rosa que acariciaban el suelo como una muestra de lo que pudo ser algún amor que se fue.
Quizá, solamente quizá... un corazón fue roto justamente en el día de los enamorados.
Escuché que en una mesa cerquita de la mía platicaban el cómo una noche antes habían bebido en un barecito cercano unas cuantas caguamas frías y bailaron toda la noche al ritmo de baladas románticas... de esas tan pegajosas que sin saberlas te descubres tatareando las letras.
Fue entonces que llegué a la conclusión de que esos pétalos en el suelo eran mas bien, una declaración de amor para todas las personas que caminaran por aquel callejón ese día.Era un recordatorio de que el día pintaba a festejar el romance que existe en todos lados.
Tomar ese cafecito en la mañana era un acto de amor propio, y así como ese, trabajaba todos los días para demostrarme lo mucho que me quiero, que me valoro y que me respeto.
Entonces pensé que el amor se debe celebrar todos los días, que la mercadotecnia está padre de vez en cuando pero que no basta con demostrar el amor sólo un día del año.
Me propuse después de esa reflexión de balcón que trataría de festejar el amor a diario... y ¡claro!, el amor empezando desde mi misma. Iluminar con rayitos de luz a las personas que me rodean, transpirar romanticismo en mi lenguaje.
Me despido de la página 21/30, una página amorosa, una declaración de amor diario y una reflexión de balcón única.

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