Entre átomos e historias de amor
Cada partícula de mi cuerpo está compuesta por historias sin fin que se van transformando poco a poco, día con día para seguir escribiendo mi futuro y en lo que me voy convirtiendo con el paso del tiempo.
Ahí es donde encuentro la magia, en los átomos... en esa unidad más pequeña de la materia, la que a veces subestimamos por tan chiquita y que se nos olvida su existencia por andar enfocados en sólo las cosas grandes o que se ven a simple vista.
Al final, el universo completo tiene componentes inexplicables que son tan únicos y tan indispensables que hacen que científicos y que expertos estudien sobre la materia... todo, para seguir sorprendiéndonos a nosotros simples humanos que queremos encontrar una respuesta para todo.
Así, miles de generaciones y de culturas se han enamorado del cosmos y de las historias que traen guardadas todas las constelaciones.
¿Quién no se ha enamorado alguna vez mirando el cielo y observando desde un montón de estrellas, hasta atardeceres pintados con pinceles divinos?
Vuelvo a pensar entonces en la magia de lo cotidiano, la magia que nos regala la naturaleza quién sin pedirnos permiso nos deleita con obras majestuosas todos los días.
Acabo con esto la página 6/30.
Una página que me hizo pensar más allá de lo que estoy acostumbrada, que me recordó esas clases de química y de biología que en algún momento tomé.
Confirmo que no dejo de sorprenderme con lo maravilloso de la vida, con lo bonito de lo cotidiano, con la magia de la ciencia.
Habitamos en un universo extraordinario y a veces por tratar de entenderlo (y si, hasta el átomo o partícula más pequeña), nos olvidamos de disfrutarlo sin cuestionamientos.

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